Cafetería de especialidad
El nombre se lee desde la vereda y se repite en sellos, stickers y etiquetas de origen. La paleta se apoya en papel hueso, negro tinta y un naranja quemado para la señalética del mostrador.
Ver el caso completoTres casos donde la identidad se resuelve en objetos concretos: etiquetas, planos, bolsas. En cada uno quedan a la vista los bocetos y las versiones que se descartaron antes de llegar al resultado final.
El nombre se lee desde la vereda y se repite en sellos, stickers y etiquetas de origen. La paleta se apoya en papel hueso, negro tinta y un naranja quemado para la señalética del mostrador.
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Una grilla editorial amplia ordena memorias, fichas de obra y carpetas de concurso. El logotipo aparece en versión horizontal y como sello cuadrado sobre los planos.
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Etiquetas colgantes, bolsas de papel hueso y un sello naranja quemado en el cierre. La identidad se probó primero en la etiqueta y después se extendió a las piezas para redes.
Ver el caso completoAntes de mirar los casos, conviene dejar claras algunas definiciones. Son las mismas para todos los proyectos y evitan lecturas equivocadas sobre lo que se ve en cada página.
Los bocetos que aparecen en cada caso forman parte del resultado, no son un paso previo que se esconde. Las versiones descartadas se muestran para explicar por qué se llegó a la solución final y no a otra.
Los mockups sirven para ver cómo se comporta una identidad en su uso real: bolsas, etiquetas, tarjetas o señalética. No son fotografías de piezas ya impresas ni de un local en particular.
Cada caso indica qué piezas se diseñaron: logotipo, sistema tipográfico, paleta, packaging o piezas para redes. Lo que no figura en la lista no formó parte de ese encargo.
Las entregas se hacen en archivos editables y con un manual de uso. El manual describe medidas mínimas, usos incorrectos y plantillas, para que cada cliente pueda aplicar su identidad sin depender del estudio.
Los casos se publican como referencia del tipo de trabajo y de las piezas que se diseñan. No representan un compromiso de resultados ni una garantía sobre cómo se verá una identidad futura.
Tres trabajos donde la identidad se resolvió en piezas concretas: etiquetas, planos, sellos y plantillas. En cada caso se ve el bocetado y las versiones que quedaron afuera antes de llegar al resultado final.
Cafetería de especialidad
El punto de partida fue el mostrador: cómo se lee el nombre desde la vereda y cómo se sostiene en una bolsa de papel kraft. Se trabajó un logotipo grotesco de peso medio, con una versión compacta para sellos y stickers. La paleta se apoyó en papel hueso, negro tinta y un naranja quemado que aparece en la señalética y en las etiquetas de origen. El manual de uso incluye medidas mínimas, usos incorrectos y plantillas editables para que el local pueda armar piezas nuevas sin volver al estudio.
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Estudio de arquitectura
El estudio necesitaba que sus documentos se leyeran como parte de una misma obra. Se definió una grilla amplia, con márgenes generosos y una jerarquía tipográfica que distingue título, dato técnico y nota al pie. El logotipo se resolvió en versión horizontal y en sello cuadrado para planos. Se entregaron plantillas editables para memorias, fichas de obra y carpetas de concurso, además de un manual con criterios de fotografía y uso del color.
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Marca de indumentaria
La marca trabaja series cortas y cambia de colección cada temporada, así que la identidad debía ser flexible. Se armó un logotipo principal con una variante condensada para etiquetas chicas y una versión en negativo para fondos oscuros. El packaging se resolvió con papel hueso, tinta negra y un acento naranja quemado en el sello de cierre. También se dejaron plantillas para redes con la misma grilla y el mismo criterio tipográfico.
Ver el caso completoCada proyecto avanza por etapas parecidas, aunque el orden se ajusta según la marca. Lo que ves publicado es el resultado final, pero el bocetado y las versiones descartadas también forman parte del recorrido.
Antes de dibujar, se revisa dónde va a vivir la identidad: el mostrador de una cafetería, una memoria de obra, una etiqueta colgante. Esa lectura define qué piezas hacen falta y cuáles no.
Se trabaja el logotipo y el sistema tipográfico en papel y en pantalla. Las versiones que no funcionan quedan registradas: sirven para explicar por qué se eligió la que quedó.
Se define la paleta y la familia tipográfica grotesca de peso medio que sostiene la marca. Papel hueso, negro tinta y un acento naranja quemado aparecen en varios de los casos.
La identidad se prueba en etiquetas, bolsas, sellos, plantillas de presentación y piezas para redes. Los mockups de papelería acercan el sistema a su uso real antes de cerrarlo.
Cada proyecto se entrega con archivos editables y un manual de uso claro: medidas mínimas, usos incorrectos y plantillas para que la marca pueda seguir armando piezas sin depender del estudio.
Algunas marcas trabajan por proyecto y otras en acompañamiento mensual. En ambos casos, el sistema queda documentado para que cada nueva colección, local o documento mantenga el mismo criterio.
Si querés ver cómo se aplica este proceso en casos concretos, podés revisar las capacidades del estudio o volver al inicio para ubicar cada proyecto dentro del portfolio.